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20 de diciembre de 2010

La historia del comienzo, de Eduardo Riaza

Título: La historia del comienzo. Georges Lemâitre, padre del Big Bang.
Autor: Eduardo Riaza.
Editorial: Encuentro.
Páginas: 136.
ISBN: 9788499200286

En un relato de Arthur C. Clarke que siempre me ha encantado, un astrofísico jesuita, miembro de una misión de exploración espacial multidisciplinar, lamenta en su monólogo de que sus colegas no reconocen los méritos de su orden en el avance de la ciencia: "siempre, desde el siglo XVIII, hemos estado haciendo contribuciones a la astronomía y a la geofísica, desproporcionadas con nuestro número".

Soy de los que piensan que para ser ateo hay que saber mucha pero que mucha teología... y no poco de historia de la Iglesia. Así, me repugnan los pazguatos que rechazan como un todo a un grupo humano, el de los creyentes católicos, como una caterva de ignorantes inquisidores quemadores de Galileos y enemigos del progreso porque, a pesar de lo mucho que tiene la Iglesia por lo que pedir perdón, no se le puede discutir, objetivamente, su contribución al desarrollo de la humanidad. Y eso sin entrar en razonamientos de fe y costumbres.

Si a alguien entendido y leído le preguntas por las contribuciones de clérigos o religiosos católicos a la ciencia como máximo saldrá a relucir Mendel, por la bucólica imagen de monjecillo cría guisantes que nos queda del Bachillerato o, para los más perspicaces, Copérnico, el canónigo. Pues no: hay muchísimos más (y lo que es mejor, los sigue habiendo). Los suficientes para que haya que repensar el prejuicio de cristiano = acientífico, en plan Ágora.

En el libro que nos ocupa el protagonista, además de falso narrador como licencia artística, es uno de los científicos católicos más importantes, influyentes y desconocidos del siglo XX: Georges Lemaître, belga de nacimiento, físico de formación, sacerdote católico de vocación. Uno de los enfants terribles de la física de la primera mitad del siglo pasado, formado en las dos Cambridges, participante en los Congresos Solvay y capaz de arrancar del parco Einstein tanto elogios como críticas.

En La historia del comienzo, el profesor de física E. Riaza nos presenta una "falsa" autobiografía de Lemâitre, al estilo de pastiche holmesiano en el que siempre se encuentra una caja sellada con un nuevo relato de Watson. El estilo es didáctico, muy sencillo, cronológico y con total ausencia de ecuaciones o disertaciones complicadas. Va recorriendo los hechos más importantes de la vida del científico, salpicando de anécdotas el relato, consiguiendo una lectura rápida y agradable. Tan sencillita que parece que la ha escrito para sus alumnos.

El mérito es grande. No hay absolutamente nada escrito sobre Lemâitre en español (y apenas nada en inglés). Además, el autor consigue evitar entrar en la supuesta confrontación fe-ciencia que la vida del personaje podría haberle dado pie a participar. Más bien se centra en lo cronológico de su vida, sin entrar en su periplo vital, sin apenas asomarse a sus causas, a las dificultades de su vida entre sotanas y batas blancas... He echado de menos mayor profundidad, quizás alguna página más compleja sobre las teorías de Lemâitre, como en las biografías de científicos de Nivola...
Einstein y Lemâitre

También me hubiera gustado que precisase más sus contribuciones a la teoría del Big Bang, que él nunca llamó así, a sus artículos y colaboraciones, a sus ideas pioneras sobre informática o a su trabajo como presidente de la Pontificia Academia para las Ciencias bajo el mandato de papas como Pío XII. De igual forma podría haber evitado el recurso literario de la autobiografía, que personalmente no valoro positivamente en general. Entiendo que el autor, que cada día tendrá que lidiar con alumnos de la ESO, ha querido acercarse a su nivel. Loable esfuerzo, que se agradece.

Concluyendo: una agradable introducción a la vida de un científico casi desconocido, didáctica, sencilla, para todos los públicos... Excepto si quieres profundizar en la vida del gran Lemâitre. Para ello, habrá que esperar a una biografía completa y crítica, que difícilmente veremos en castellano.

Como colofón, inserto un vídeo sobre Lemâitre y el libro interesante, por el mismo autor del libro:



Por cierto, si alguien no ha leído el relato de Clarke que abre esta reseña, son las fechas adecuadas para hacerlo.

19 de diciembre de 2010

El arco iris de Feynman, de Leornard Mlodinow

Título: El arco iris de Feynman. La búsqueda de la belleza en la física y en la vida.
Autor: Leonard Mlodinow.
Editorial: Crítica.
Páginas: 187.
ISBN: 978-84-9892-014-7

Fui a la librería (digo "la" porque donde vivo sólo hay una librería que valga la pena) a comprar El gran diseño, el último libro de divulgación científica de Stephen Hawking... y otro autor desconocido con apellido raro, que resulta ser Leonard Mlodinow. En uno de los arrebatos que suelen poseerme en las tiendas de libros, al coger el libro querido me fijé en el de al lado, del "coautor" y, saliendo el nombre de mi admirado (y reído) Feynman, no pude menos que comprarlo. Eso sí, en digna edición de bolsillo de Crítica-Drakontos, que tanto bien hacen a los amantes de la ciencia y a sus oculistas (y cualquiera que haya leído uno de sus libros de bolsillo sabe de qué hablo).

He de reconocer que esos arrebatos rara vez llevan a una buena compra, pero esta vez me ha ocurrido que, siendo El gran diseño un libro mucho más ambicioso, quizás porque todo lo que dice ya está dicho y no aporta nada nuevo, este librito, más humilde, casi de broma en algunos capítulos, es el que me ha dejado buen sabor de boca.

El libro es autobiográfico. Simplemente relata los primeros meses de Mlodinow como doctor becario en el CalTech, con mucha libertad, ni idea de lo que va la vida y un pequeño despacho entre un tal Murray Gell-Man y otro tal Feynman, que resulta son los gemelos terribles de la física. Y sus aventuras, que no son más que las del científico teórico falto de ideas fantásticas que busca su lugar en el mundo, me ha encantado.

Alguno seguramente diría que el libro describe el lado humano de la ciencia. Personalmente creo que sólo hay un lado humano en la ciencia, así que lo que narra es la pura realidad. Murray, porque nadie le llamaba por el apellido, es un sabihondo casi insoportable que grita a sus empleados... pero a la vez apadrina a un don nadie "padre" de la teoría de cuerdas, John Schwarz, cuando nadie creía en lo que hacía y llora en su despacho la muerte de su esposa.

Feynman ya no es el joven insolente y genial que reventaba cajas fuertes en Los Álamos y tocaba los bongos en clubes de dudosa fama. Ahora es un hombre casi agotado en su lucha contra el cáncer, con las manías propias de la gente mayor pero aún con la frescura necesaria para darse cuenta de que lo más importante de su vida, su único objetivo, es ver crecer a su hija.

¿Y Mlodinow? Pues un joven que gana en sabiduría cada día que hace una visita a Feynman, escucha a Murray hablar en alto maya, descubre unos bultos sospechosos en sus partes pudentes y descubre, casi por sorpresa, que la base de la ciencia está en hacerse preguntas.

La felicidad, viene a descubrir el advenedizo teórico, está en buscar el propio nicho en el mundo buscando lo fundamental y relativizando lo accesorio. Quizás por eso se pasó después a ser guionista de Star Trek: La Nueva Generación y McGyver. Quizás también por ello escribe libros con Hawking, aunque sea un refrito como el último.

En conclusión: un libro muy recomendable para los que nos movemos en el mundo de la ciencia y queremos acercarnos a lo que de verdad piensan y sienten los científicos. Además, breve y contado con humor. A ver si engaño a alguien para que me regale El andar del borracho...

26 de junio de 2010

El monje en el huerto, de Robin Marantz Henig

Título: El monje en el huerto: la vida y el genio de Gregor Mendel, padre de la genética (título original en inglés: The Monk in the Garden: The lost and found genius of Gregor Mendel).
Autora: Robin Marantz Henig.
Editorial: Debate.
Año: 2001.
ISBN: 9788483063774.

Descubrirán los lectores de este blog que tengo especialmente predilección por las biografías y, entre éstas, por las de científicos. Y, quizás, Gregor Mendel sea uno de mis científicos favoritos, aunque sea sólo por el hecho de que su vida fue callada, de profesor de escuela y fraile agustino o, quizás, por los guisantes, analogía de su vida humilde.

La imagen que muchos de nosotros podemos tener de Mendel es precisamente la de Érase una vez...: un fraile más bien rellenito, sonriente y bonachón que tuvo a sus hermanos de comunidad comiendo guisantes años y años. Sin embargo, Mendel es mucho más.

Después de explicar muy someramente sus leyes (que él no promulgó como tales) a mis alumnos, quise profundizar más en el personaje. Me sorprendió ver que en español hay muy poco escrito sobre Mendel. Una meritoria aunque breve biografía de Alberto Gomis, en la siempre recomendable editorial Nivola (¿qué otra editorial española tiene un catálogo científico y divulgativo como ésta?). Cuando tomo un tema me gusta profundizar hasta los detalles, así que Gregor Mendel: el fundador de la genética se me quedó corto. Como corto tengo también el presupuesto, tiré de biblioteca y en la de la USC encontré El monje en el huerto, a priori más completo, o eso pensaba yo.


 El libro que al fin y al cabo nos ocupa es una obra de divulgación, que en ocasiones quiere tomar el ritmo de una novela de intriga (¿qué pasó para que la obra de Mendel se perdiese tantos años?) en la que la vida de Mendel es sólo el engranaje central para explicar los orígenes de la genética. El hilo conductor son las separatas del artículo Versuche über Plflanzenhybriden (Experimentos sobre la hibridación de plantas) que el bienintencionado agustino envío a los mejores botánicos de la época y que fue olvidado por la mayoría. Podemos decir, que de modo muy introductorio y divulgativo, cumple su objetivo.

Dos elementos reseñables: la explicación del supuesto olvido del trabajo de Mendel, que no fue así exactamente y la explicación de lo que los traductores suelen reseñar como «carácter», si bien Mendel usa dos palabras diferentes para estos elementos heredables. Por otro lado, existe una página web de acompañamiento a la versión inglesa del libro, con documentación adicional, aunque poco actualizada desde su edición, en esta dirección, algo que supongo que para el 2001 fuera toda una novedad.

Donde el libro falla, en mi opinión, es en la presentación de Mendel. El científico aparece desde una perspectiva unidimensional, la ya conocida del fraile bonachón plantaguisantes. Pero sólo hay que indagar un poco en lo que el libro deja entrever para comprender que Mendel es mucho más. Quedan varias preguntas importantes por resolver: qué le ocurría en los exámenes (no llegó a licenciarse y siempre fue «profesor sustituto»), por qué era, a pesar o quizás gracias a su falta de títulos un gran profesor, muy valorado por sus alumnos, cómo fue su formación teológica y sacerdotal, la relación con sus sobrinos, sus últimos años como abad de Santo Tomás en Brno y, no menos importante, por qué eligió ser religioso. De momento todos los libros que he leído sobre el tema inciden en que era la única salida que tenía para seguir su formación y que «coincidía con su carácter»... Me parecen razones muy débiles. La dimensión religiosa de un hombre evidentemente brillante, al que nunca se le achacó nada en contra de su vocación y que, de hecho, se convirtió en un adalid de los derechos eclesiásticos de su monasterio en el Imperio está apenas esbozada en el libro de Marantz Henig.

De hecho, desde el punto de vista religioso la autora demuestra poca investigación, cuando no errores de bulto, ya desde el comienzo: ¿monje o fraile? Confundirlos es como confundir un Ferrari con un Seat: ambos son coches con cuatro ruedas, pero... La respuesta es que Mendel era fraile, miembro de una orden mendicante, no de una monástica. Lo que sí es una excepción es que al superior de Brno se le llame abad y no prior, debido a unos privilegios históricos.

Intrigado por la vida de Mendel, busqué qué otra biografía podía responder a mis dudas y, al final, acudí a la fuente. Todas las biografías de Mendel beben del Life of Mendel de Hugo Iltis, un paisano suyo. La obra no está traducida al castellano y no pude encontrarla fácilmente. Afortunamente, un buen amigo la buscó en una librería de viejo de Chicago, ni más ni menos, y aquí está en mis manos. Quizás hable de esta biografía en otra ocasión.


Volviendo a El monje en el huerto, es una obra recomendada sólo para los que quieren acercarse a la historia de la genética sin mayor afán de profundizar. Pero si quieren saber más de Mendel, por lo menos acérquense a la obra de Gomis. Y si ya tienen mis manías obsesivas-exprimidoras... busquen a Iltis.

18 de junio de 2010

La medición del mundo, de Daniel Kehlmann

Título: La medición del mundo (original en alemán: Die Vermessung der Welt).
Autor: Daniel Kehlmann.
Editorial: Maeva.
Año: 2006.
ISBN: 84-96231-97-6.


Reconozco que el libro no captó mi atención cuando lo vi en la librería. Tuvo que ocurrir la casualidad de que un ejemplar estuviera boca abajo en la pila de libros de ciencia-ficción que estaba ojeando para que una sola palabra despertase mi curiosidad: Gauss.

El amigo Gauss es uno de mis personajes histórico-científicos favoritos, no sólo por sus funciones, ecuaciones y campos, sino, creo que sobre todo, por aparecer con una especie de albornoz en varios retratos (parece ser que le gustaba más bien trabajar desde casa... cómodo).

Pues bien, La medición del mundo trata precisamente de Gauss y de Humboldt (el explorador, no el que se estudia en Pedagogía). Intercalando relatos de sus vidas, pretende describir una época fascinante, en la cual la ciencia comienza a ganar terreno y se hacen grandes descubrimientos: Gauss representa los matemáticos y Humboldt los geográficos. La excusa literaria es un encuentro de ambos, ya mayores, en el que el explorador quiere homenajear al gruñón matemático.

Me gustó el libro, más las partes de Gauss (un sesgo personal), un adorable cascarrabias con varias certezas en su vida: todo puede ser medido y pesado, como en casa no se está en ningún sitio, mi esposa es una arpía y mi hijo mayor un imbécil. No necesariamente en ese orden, pero se repiten en cada capítulo: sea viajando y quejándose de los charcos del camino o bajo la lluvia triangulando los campos de Prusia, es un genial protestón.

Humboldt, sin embargo, es un eterno optimista, sea entregando medallas en Berlín o buscando las fuentes del Amazonas. Tan optimista que en la novela da la impresión de ser un simplón fácilmente manipulable por los poderosos (sea el Zar o su hermano). Por cierto, las bruscas contestaciones de Gauss al amable Humboldt recuerdan tanto a las de House que causaron en mí el mismo efecto que los capítulos de la serie: un inmediato aprecio.

Quizás sea ésta la mayor deficiencia del libro: los personajes están definidos sólo por unas pocas líneas gruesas, que se repiten en diversos grados... pero sin salir de allí. No le resta atractivo al libro como lectura ligera, pero para una novela que pretende mostrar una «perspectiva humana inédita de estos dos grandes nombres de la historia», enseña más bien las manías. Por otro lado, otros personajes altamente interesantes, como Bonpland, el agraciado compañero de Humboldt o el propio hijo de Gauss son apenas comparsas sin diálogo.

Resumiendo: un libro recomendable para los aficionados a la historia de la ciencia o las novelas con un poco de sentido. Es la segunda novela del autor, al que habrá que seguir atentamente. Y ya que hablo de Gauss, no puedo menos que pegar aquí su firma, una gozada para los amantes de las matemáticas:
Fuente de la imagen. Dominio público.