Título: Ser catequista. Hacer catequesis.
Autor: Álvaro Ginel.
Editorial: CCS. Páginas: 180.
Año: 2008.
ISBN: 9788483167468.
Nos encontramos ante una obra con un marcado carácter didáctico, escrita por el salesiano español Álvaro Ginel, fundador y director de la revista Catequistas. El mismo título del libro da la clave fundamental de su mensaje: para hacer una buena catequesis, hay que ser verdadero catequista. Supone un recuerdo importante, puesto que la tendencia habitual en la catequesis, sobre todo de niños, es buscar que las sesiones “vayan bien”: que se porten, les aproveche, aprendan… Sin embargo, las tareas del catequista se nutren de su especial vocación eclesial.
Como es de esperar, el libro está dividido en dos secciones. La primera, “Ser catequista”, parte de la constatación de que asumir esta función no puede ser “algo que toca” o un mero repetir lo recibido hace pocos o muchos años. Es una verdadera vocación, enraizada en el “id y anunciad” de Jesús de Nazaret y engarzada en la larga tradición catequística de la Iglesia. Los cuatro primeros capítulos de esta sección desarrollan esta idea‒fuerza: la llamada de Dios a ser catequista, sus raíces profundas, el equilibrio entre la dimensión humana y el anuncio kerigmático… Ninguna de las palabras del autor supone una novedad en sí mismas, pero están bien presentadas y desarrolladas. Por ejemplo, afirma algo que no por sabido deja de causar malentendidos: “lo que resulta difícil es vivir el evangelio. Anunciarlo es consecuencia de vivirlo” (cursivas del autor, cfr. Pág. 19). Suponen, en conjunto, un buen recuerdo de la especial misión del catequista y un acercamiento a su necesaria revalorización.
El quinto capítulo, de carácter más teórico, recoge lo esencial sobre la figura del catequista del Directorio General de la Catequesis, así como el entronque de la acción catequética en el proceso evangelizador de la Iglesia. También recoge las ideas fundamentales del catecumenado y la etapa misionera. Por último, el capítulo sexto actúa de puente con la segunda parte, atisbando algunos de los temas centrales del hacer catequesis, sobre todo lo que tiene que ver con preparar las sesiones.
La segunda sección, “Hacer catequesis”, consta de catorce capítulos y tiene un carácter mucho más práctico, casi con el objetivo de ser un manual. Con un lenguaje claro y sencillo, presenta algunas de las actitudes fundamentales del buen catequista: la presencia, acogida, mirada, empatía, cuidado del lugar y ambiente, recuerdo, discernimiento, el arte de hacer preguntas, silencio, disciplina… Como el autor exponen en la introducción, esta parte brota de los muchos encuentros y sesiones de formación con catequistas en los que ha participado, de ahí, quizás, el orden y recopilación de los temas y la presencia de algunas “recetas” de actuación.
Cuatro capítulos merecen especial atención: los dos dedicados a la reunión de catequesis, ya que es el ámbito habitual en el que se desarrolla la catequesis de niños y, por lo tanto, ha de ser bien preparada, desarrollada y concluida (aspecto este último que se suele olvidar). Los dos últimos capítulos del libro tratan sobre los materiales y se acercan a las actividades. Respecto a los materiales, quizás a consecuencia de cierta “esclavitud” de los catequistas con el libro, destacan los párrafos dedicados a los límites del “método impreso” y a la libertad de los agentes para elegir los materiales y usarlos como herramienta, entre otras. La última parte, dedicada a las actividades, apenas atisba el gran número de gestos y dinámicas que se pueden realizar en la catequesis, con útiles definiciones y sugerencias para equilibrar todos los elementos de las mismas.
El libro es claramente introductorio y, gracias a su carácter didáctico, sobre todo a las secciones “Es clave”, “Flash” y “Sugerencias” en cada capítulo, especialmente adecuado para formar catequistas jóvenes o ayudar a agentes más experimentados a redescubrir el don de su misión. Puede adaptarse fácilmente a talleres y reuniones formativas. Todos los temas tratados abren a mayor reflexión y están dirigidos específicamente al catequista habitual en nuestras parroquias, por lo que quizás no resulte tan adecuado en otros ámbitos.
Podría haberse desarrollado también alguna sección dedicada a las celebraciones litúrgicas con los grupos de catequesis, pues el sacerdote tiene que ser el primero que se aplique el “ser catequista y saber hacer catequesis”. Lo mismo podríamos decir de la colaboración con los padres, responsables de la formación religiosa de los hijos mucho más allá de llevarlos semanalmente a la parroquia.
Por último, a la vista de la situación actual, he echado a faltar alguna referencia más al “primer anuncio”, ya que, aunque en el proceso evangelizador de la Iglesia la catequesis se dirige a los que ya lo han recibido, la realidad se impone y, en su mayoría, los niños y jóvenes a los que nos dirigimos no han recibido, o lo han hecho de forma fragmentaria, una primera evangelización consistente.
Todas estas carencias quedan perfectamente justificadas por la naturaleza y objetivo del libro, una lectura muy recomendable para todos los implicados en la catequesis de niños o la formación de catequistas.
A continuación puedes ver una presentación basada en el libro que he preparado:
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18 de febrero de 2013
15 de noviembre de 2012
El primer anuncio, de Xavier Morlans
Título: El primer anuncio. El eslabón perdido.
Autor: Xavier Morlans.
Editorial: PPC. Cuadernos AECA - 3. Páginas: 207.
Año: 2009.
ISBN: 9788428821452.
La necesidad de un “primer anuncio” del mensaje evangélico va ganando peso en la reflexión sobre la pastoral de la Iglesia en los últimos años. Paulatinamente se van creando iniciativas de “re-iniciación” en la fe que comienzan con actividades propuestas para conocer la figura de Jesucristo y, si así se decide, optar por su seguimiento. Uno de estos proyectos se ha establecido en Barcelona desde 2002 con el nombre Tornar a creure, cuyo artífice principal es el autor de la obra que nos ocupa, el sacerdote y teólogo Xavier Morlans. Miembro de la Asociación Española de Catequetas (AECA), es profesor de Teología Fundamental de la Facultad de Teología de Cataluña y consultor del Pontificio Consejo para la Nueva Evangelización.
El objetivo de El primer anuncio es sistematizar la manera de reinventar y activar metodologías pastorales que propicien un primer acercamiento a la persona de Jesús y que puedan conducir a un proceso de reiniciación cristiana. El subtítulo, El eslabón perdido, cobra significado al constatar que ni todos los agentes pastorales tienen claro qué es el “primer anuncio”, ni está considerado en su debida importancia dentro del proceso general de evangelización. Esta obra es una buena y clarificadora aportación a esta reflexión.
En la primera parte, Morlans intenta responder al problema de la transmisión de la fe cristiana a las nuevas generaciones, siempre desde y para una cultura europea y secularizada, mediante exposiciones sintéticas de la nueva realidad social y cultural, los retos internos de la propia Iglesia –interesante acercamiento a los problemas intrínsecos de la comunicación ad extra de la jerarquía eclesial– y la importancia creciente de un “primer anuncio”. Esta “cruz” encuentra su “cara” en la segunda parte, dedicada a engarzar la primera evangelización en el proceso global de evangelización, en la que destacan varios esquemas y tres dificultades habituales, bien expuestas.
A continuación, el autor desarrolla la relación del primer anuncio y la catequesis, describiendo sus diferencias para, junto a la cuarta parte, un estudio sintético del primer anuncio en el Nuevo Testamento, presentar la entidad propia y completa de ese primer anuncio como preparación a la fe cristiana. Se utiliza con mucha frecuencia la palabra griega kerigma para referirse al núcleo del mensaje cristiano, en la línea de otras escuelas de catequesis postconciliar, como la impulsada por el Congreso de Eichstätt de la década de 1960, pero traducido al momento actual.
Los contenidos de este primer anuncio, sus modalidades, agentes y destinatarios se despliegan en las dos últimas partes. Están pensados sobre todo para adultos y partiendo del diálogo, incluso causal. Se ofrece una “pauta estándar” en siete pasos que, sin reducirse a una receta, puede ayudar a entender la tarea de evangelizador en esta etapa. Concreta más Morlans en la séptima parte, desde una galería de breves puntos de partida según los destinatarios hasta los grandes medios de comunicación social. El autor utiliza aquí un lenguaje más personal y basado en la propia experiencia –por ejemplo, al escribir sobre los movimientos de Juventud Obrera Católica‒, sobre todo al hablar de los cantautores cristianos, que trata quizás con excesiva extensión, una concesión probable a su propia inquietud artística.
Tras un epílogo dedicado al siguiente paso, los itinerarios de reiniciación cristiana de adultos, el broche final del libro es una conclusión que prácticamente resume los contenidos anteriores y escrito de una forma que recuerda a una breve conferencia sobre el tema y que sirve para afianzar las intuiciones fundamentales del autor: el primer anuncio, a la vez restringido en su definición basada en el diálogo interpersonal y el testimonio de vida, puede concretarse en un amplio abanico de medios y modalidades, según los destinatarios y los puntos de partida. No es catequesis aún, pero prepara a la opción personal de fe encuentra su hábitat natural en nuestra sociedad secularizada. Los cristianos no debemos tener miedo a anunciar el mensaje de Jesús de Nazaret, siempre cuidando los tiempos y la libertad de cada persona, con herramientas de calidad.
En síntesis, una obra agradable en su lectura y con un marcado carácter de utilidad para el aprendiz de evangelizador o para el veterano desanimado. La bibliografía, suficiente, recoge un buen compendio de obras modernas de primer anuncio. Un libro actual que da carta de plena existencia a un primer anuncio que es “un pequeño paso para el cristiano de a pie que lo propone a un amigo en su entorno cotidiano, pero un paso inmenso (…) para la Iglesia” (pág. 192).
Autor: Xavier Morlans.
Editorial: PPC. Cuadernos AECA - 3. Páginas: 207.
Año: 2009.
ISBN: 9788428821452.
La necesidad de un “primer anuncio” del mensaje evangélico va ganando peso en la reflexión sobre la pastoral de la Iglesia en los últimos años. Paulatinamente se van creando iniciativas de “re-iniciación” en la fe que comienzan con actividades propuestas para conocer la figura de Jesucristo y, si así se decide, optar por su seguimiento. Uno de estos proyectos se ha establecido en Barcelona desde 2002 con el nombre Tornar a creure, cuyo artífice principal es el autor de la obra que nos ocupa, el sacerdote y teólogo Xavier Morlans. Miembro de la Asociación Española de Catequetas (AECA), es profesor de Teología Fundamental de la Facultad de Teología de Cataluña y consultor del Pontificio Consejo para la Nueva Evangelización.
El objetivo de El primer anuncio es sistematizar la manera de reinventar y activar metodologías pastorales que propicien un primer acercamiento a la persona de Jesús y que puedan conducir a un proceso de reiniciación cristiana. El subtítulo, El eslabón perdido, cobra significado al constatar que ni todos los agentes pastorales tienen claro qué es el “primer anuncio”, ni está considerado en su debida importancia dentro del proceso general de evangelización. Esta obra es una buena y clarificadora aportación a esta reflexión.
En la primera parte, Morlans intenta responder al problema de la transmisión de la fe cristiana a las nuevas generaciones, siempre desde y para una cultura europea y secularizada, mediante exposiciones sintéticas de la nueva realidad social y cultural, los retos internos de la propia Iglesia –interesante acercamiento a los problemas intrínsecos de la comunicación ad extra de la jerarquía eclesial– y la importancia creciente de un “primer anuncio”. Esta “cruz” encuentra su “cara” en la segunda parte, dedicada a engarzar la primera evangelización en el proceso global de evangelización, en la que destacan varios esquemas y tres dificultades habituales, bien expuestas.
A continuación, el autor desarrolla la relación del primer anuncio y la catequesis, describiendo sus diferencias para, junto a la cuarta parte, un estudio sintético del primer anuncio en el Nuevo Testamento, presentar la entidad propia y completa de ese primer anuncio como preparación a la fe cristiana. Se utiliza con mucha frecuencia la palabra griega kerigma para referirse al núcleo del mensaje cristiano, en la línea de otras escuelas de catequesis postconciliar, como la impulsada por el Congreso de Eichstätt de la década de 1960, pero traducido al momento actual.
Los contenidos de este primer anuncio, sus modalidades, agentes y destinatarios se despliegan en las dos últimas partes. Están pensados sobre todo para adultos y partiendo del diálogo, incluso causal. Se ofrece una “pauta estándar” en siete pasos que, sin reducirse a una receta, puede ayudar a entender la tarea de evangelizador en esta etapa. Concreta más Morlans en la séptima parte, desde una galería de breves puntos de partida según los destinatarios hasta los grandes medios de comunicación social. El autor utiliza aquí un lenguaje más personal y basado en la propia experiencia –por ejemplo, al escribir sobre los movimientos de Juventud Obrera Católica‒, sobre todo al hablar de los cantautores cristianos, que trata quizás con excesiva extensión, una concesión probable a su propia inquietud artística.
Tras un epílogo dedicado al siguiente paso, los itinerarios de reiniciación cristiana de adultos, el broche final del libro es una conclusión que prácticamente resume los contenidos anteriores y escrito de una forma que recuerda a una breve conferencia sobre el tema y que sirve para afianzar las intuiciones fundamentales del autor: el primer anuncio, a la vez restringido en su definición basada en el diálogo interpersonal y el testimonio de vida, puede concretarse en un amplio abanico de medios y modalidades, según los destinatarios y los puntos de partida. No es catequesis aún, pero prepara a la opción personal de fe encuentra su hábitat natural en nuestra sociedad secularizada. Los cristianos no debemos tener miedo a anunciar el mensaje de Jesús de Nazaret, siempre cuidando los tiempos y la libertad de cada persona, con herramientas de calidad.
En síntesis, una obra agradable en su lectura y con un marcado carácter de utilidad para el aprendiz de evangelizador o para el veterano desanimado. La bibliografía, suficiente, recoge un buen compendio de obras modernas de primer anuncio. Un libro actual que da carta de plena existencia a un primer anuncio que es “un pequeño paso para el cristiano de a pie que lo propone a un amigo en su entorno cotidiano, pero un paso inmenso (…) para la Iglesia” (pág. 192).
20 de diciembre de 2010
La historia del comienzo, de Eduardo Riaza
Título: La historia del comienzo. Georges Lemâitre, padre del Big Bang.Autor: Eduardo Riaza.
Editorial: Encuentro.
Páginas: 136.
ISBN: 9788499200286
En un relato de Arthur C. Clarke que siempre me ha encantado, un astrofísico jesuita, miembro de una misión de exploración espacial multidisciplinar, lamenta en su monólogo de que sus colegas no reconocen los méritos de su orden en el avance de la ciencia: "siempre, desde el siglo XVIII, hemos estado haciendo contribuciones a la astronomía y a la geofísica, desproporcionadas con nuestro número".
Soy de los que piensan que para ser ateo hay que saber mucha pero que mucha teología... y no poco de historia de la Iglesia. Así, me repugnan los pazguatos que rechazan como un todo a un grupo humano, el de los creyentes católicos, como una caterva de ignorantes inquisidores quemadores de Galileos y enemigos del progreso porque, a pesar de lo mucho que tiene la Iglesia por lo que pedir perdón, no se le puede discutir, objetivamente, su contribución al desarrollo de la humanidad. Y eso sin entrar en razonamientos de fe y costumbres.
Si a alguien entendido y leído le preguntas por las contribuciones de clérigos o religiosos católicos a la ciencia como máximo saldrá a relucir Mendel, por la bucólica imagen de monjecillo cría guisantes que nos queda del Bachillerato o, para los más perspicaces, Copérnico, el canónigo. Pues no: hay muchísimos más (y lo que es mejor, los sigue habiendo). Los suficientes para que haya que repensar el prejuicio de cristiano = acientífico, en plan Ágora.
En el libro que nos ocupa el protagonista, además de falso narrador como licencia artística, es uno de los científicos católicos más importantes, influyentes y desconocidos del siglo XX: Georges Lemaître, belga de nacimiento, físico de formación, sacerdote católico de vocación. Uno de los enfants terribles de la física de la primera mitad del siglo pasado, formado en las dos Cambridges, participante en los Congresos Solvay y capaz de arrancar del parco Einstein tanto elogios como críticas.
En La historia del comienzo, el profesor de física E. Riaza nos presenta una "falsa" autobiografía de Lemâitre, al estilo de pastiche holmesiano en el que siempre se encuentra una caja sellada con un nuevo relato de Watson. El estilo es didáctico, muy sencillo, cronológico y con total ausencia de ecuaciones o disertaciones complicadas. Va recorriendo los hechos más importantes de la vida del científico, salpicando de anécdotas el relato, consiguiendo una lectura rápida y agradable. Tan sencillita que parece que la ha escrito para sus alumnos.
El mérito es grande. No hay absolutamente nada escrito sobre Lemâitre en español (y apenas nada en inglés). Además, el autor consigue evitar entrar en la supuesta confrontación fe-ciencia que la vida del personaje podría haberle dado pie a participar. Más bien se centra en lo cronológico de su vida, sin entrar en su periplo vital, sin apenas asomarse a sus causas, a las dificultades de su vida entre sotanas y batas blancas... He echado de menos mayor profundidad, quizás alguna página más compleja sobre las teorías de Lemâitre, como en las biografías de científicos de Nivola...
![]() |
| Einstein y Lemâitre |
También me hubiera gustado que precisase más sus contribuciones a la teoría del Big Bang, que él nunca llamó así, a sus artículos y colaboraciones, a sus ideas pioneras sobre informática o a su trabajo como presidente de la Pontificia Academia para las Ciencias bajo el mandato de papas como Pío XII. De igual forma podría haber evitado el recurso literario de la autobiografía, que personalmente no valoro positivamente en general. Entiendo que el autor, que cada día tendrá que lidiar con alumnos de la ESO, ha querido acercarse a su nivel. Loable esfuerzo, que se agradece.
Concluyendo: una agradable introducción a la vida de un científico casi desconocido, didáctica, sencilla, para todos los públicos... Excepto si quieres profundizar en la vida del gran Lemâitre. Para ello, habrá que esperar a una biografía completa y crítica, que difícilmente veremos en castellano.
Como colofón, inserto un vídeo sobre Lemâitre y el libro interesante, por el mismo autor del libro:
Por cierto, si alguien no ha leído el relato de Clarke que abre esta reseña, son las fechas adecuadas para hacerlo.
18 de septiembre de 2010
Cuando fui skin, de Asís Arana
Autor: Asís Arana.
Editorial: Planeta.
Páginas: 384.
ISBN: 978-84-08-09422-7
Me refiero ahora a un libro que creo que no habría comprado por mí mismo, más que otra cosa porque sólo compro libros de este precio cuando tengo total confianza en que me va a gustar (aunque a veces uno se equivoque, claro). Tuve la suerte de que un compañero lo comprase, leyese y alabase para la manida frase de ¡pues déjamelo!
Bien. El libro se resume en la frase de la portada: un joven de familia bien, en un colegio religioso que, desde muy joven, frecuenta a un grupo de ultraderecha y va "ascendiendo" en sus rangos, a base de palizas hasta convertirse en un skin brutal y totalmente irracional (valga la redundancia) y... termina de cura. Es una historia en la que sabemos el principio y el final y no hay grandes sorpresas. Gana atractivo el paréntesis, lo no contado en la portada, sobre todo lo que su familia, especialmente su madre, hace por él, las oportunidades que le dan a pesar de su total contaminación, por las opciones que toman para salvarle... Pero tampoco remonta demasiado de lo sabido.
En mi opinión, se nota demasiado que el autor, Asís Arana (confieso que he pensado que era un pseudónimo... todavía no estoy del todo seguro, puesto que las novelas que se indican en la guarda como escritas por él no aparecen por ningún lado, el nombrecito se las trae y la temática, como en el caso de Antonio Salas y Diario de un skin, parecen llamar al anonimato. Pero sí, parece que efectivamente existe, da entrevistas en la radio y tiene algún guión cinematográfico escrito), es novel. Intenta entrelazar su supueso "viaje existencial" con el del actual sacerdote, con escaso éxito. Combina frases pretenciosas con expresiones más bien chabacanas y hasta zafias, no aporta la dosis de realidad necesaria para hacer creíble la historia (aunque un relato esté basado en hechos reales, hay que saber narrarlo para hacerlo creíble... y al contrario). En algunos anécdotas se nota claramente, quizás por las "licencias literarias" que se toma el autor: nos relata cómo tardó meses en conseguir que Pablo, el protagonista accediera a contar su historia y, sin embargo, le conoce porque un amigo comenta al autor que Pablo ha ido a hablar de su vida a una clase universitaria... Se nota la buena intención del Sr. Arana, pero también su impericia.
Otro fallo de la novela es dedicar casi la mitad del libro a la caída del protagonista en el mundo de la ultraderecha y luego liquidar su "conversión" en unas pocas páginas, dedicando muy poca atención tanto a los fundamentos de la relación de pareja que "salva" al antiguo radical como al paso al sacerdocio, hecho que no se desarrolla psicológicamente. Es decir, el personaje protagonista va avanzando, madurando, tanto para bien como para mal en la narración de Arana, pero, en cuanto deja de ser skin, se vuelve plano, anodino, incapaz de hacernos comprender el viraje de su vida.
¿Está el lector interesado en conocer el mundo de la ultraderecha? Hay otros libros más ilustrativos al respecto. ¿Quiere conocer a una familia que apuesta por la oveja desacarriada (aunque más que oveja es un cabrito)? Acérquese a esta novela, sin buscar mucho más. ¿Le interesan las personas que toman las riendas de su vida y son capaces de cambiar (la premisa que subyace a la promoción del libro: si el protagonista hubiera acabado de padre de familia y no de cura no habría libro)? Busque en otro lugar.
13 de agosto de 2010
La niebla y la doncella, de Lorenzo Silva
Título: La niebla y la doncella.Autor: Lorenzo Silva.
Año: 2002
ISBN: 978-84-233-3793-4
Hay veces que los libros te saltan a las manos en el momento oportuno, cuando realmente necesitas desocupar tu mente sumergiéndote en un asesinato ficticio o en un mundo diferente. Es lo que me ha pasado con este libro: realmente necesitaba desconectar del triste mundo real y la simple frase «un nuevo caso del sargento Bevilacqua» fue suficiente para que no me separase del libro (si bien no es, ni mucho menos, el último caso del personaje). Ya había leído El alquimista impaciente y guardo buen recuerdo del mismo. El libro que nos ocupa no es, ni mucho menos, un ejemplo de originalidad, pero sí de buen hacer narrativo, capaz de componer un puzzle atractivo con piezas ya muy manidas.
El argumento es sencillo. El sargento Vila, que abrevia así su apellido para evitar equívocos (extremo que también aplicamos otros) y su compañera, la cabo Chamorro, de la Unidad Central Operativa de la Guardia Civil en Madrid son llamados a La Gomera para dilucidar la verdad tras un asesinato cometido dos años antes, el de un joven frívolo y vividor, que fue degollado junto al coche de un concejal, casualmente padre de una de las chicas que se beneficiaba el muchacho. La narración, plagada de detalles y descripciones que me han hecho agradable la lectura, es sin embargo algo lenta. Mucho más allá de la mitad del libro se empieza a avanzar algo en el caso, lo que confirma mi intuición de que la intención del autor no es tanto escribir una novela de crimen y misterio como un novela costumbrista, centrada en un hombre maduro mucho menos cínico de lo que da a suponer y la guardia Anglada, un personaje interesante al que quizás le quedan flecos sin trenzar, que eclipsa casi totalmente a la habitual Chamorro.
Reconozco que, quizás por los años pasados leyendo a autores clásicos castellanos, me enganchan los autores que, además de saber llevar con habilidad una trama, usan un español castizo y auténtico, como el que se habla en mi tierra, donde palabras como zascandil resultan naturales y no es necesario utilizar palabrotas para insultar y quedarse tan a gusto. Como esta novela está narrada en primera persona, abundan los monólogos de Vila, que siempre demuestra el encomiable interés de no engañarse a sí mismo, mientras navega entre politicuchos, mandos con más estrellas que neuronas y aprendices de mujer fatal. Las descripciones de las Canarias, ya que los personajes pasan por varias de las islas, son acertadas, capaces de evocar alguna visita a la laurisilva del Garajonay o el paisaje casi marciano del Roque de los Muchachos.
Estas características no impiden que la trama detectivesca sea también atractiva, con algún que otro requiebro de los que sirven para mantener la tensión y la habitual plétora de personajes sacados de lo más selecto de la sociedad, aunque aparezcan casi de pasada: proxenetas, camellos, amigos de una noche que te dejan en la cuneta a pasar la borrachera... Personajes vulgares, como son sus equivalentes en nuestro "estado de bienestar", que me han hecho pensar que, a pesar del éxito de los más mezquinos y retorcidos asesinos suecos, son la gente corriente, la que nunca llama la atención, la verdaderamente peligrosa.
En conclusión. No será una novela que pase a los anales de la literatura, pero cumple su objetivo: entretiene, edifica y abre la mente, que no es poco. En mi biblioteca personal, la coloco al lado de otros libros que para mí son de la misma familia: haremos un hueco entre Sax Rohmer y Simenon. Que no dude el autor que en cuanto salte a mis manos otro caso del sargento Bevilacqua (en edición bolsillo) me sumergiré con él en un nuevo caso. Quizás por saturación hasta llegue a superar el atávico recelo por la Benemérita y por extensión hacia toda la autoridad per se que me acompaña desde que tengo uso de razón.
6 de julio de 2010
La Isla de los Jacintos Cortados, de Gonzalo Torrente Ballester
Título: La Isla de los Jacintos Cortados
Subtítulo: Carta de amor con interpolaciones mágicas
Autor: Gonzalo Torrente Ballester.
Editorial: Alianza Editorial 1998
ISBN 84-206-3400-X
Premio Nacional de Literatura 1980
He de confesar que es la primera vez desde hace años que tengo que coger un diccionario tantas veces mientras leo una novela. Tantas palabras nuevas para mí, algunas encantadoras: aína, ésta la marcan con anticuada, otras siniestras en su contexto (túrdiga), sofaldear, socaliña (ésta ya se la había leído a Larra en su más famoso artículo: «Vuelva usted mañana»), trujamán (fijaros en la procedencia de la palabra),... varias esparcidas por todo el texto, que lo dotan de un aura poética encantadora por su propio arcaísmo.
Porqué ya avisa con el subtítulo don Gonzalo de las interpolaciones mágicas del texto. Éstas son evidentes a lo largo de él, e incluso arquetípicas, como su uso del fuego como elemento de conjura de la visión de acontecimientos pasados. También nos avisa en el prologo que no intenta ser entendido por todos, afortunadamente esta novela no tuvo que pasar censura y nos ahorró los comentarios del lerdo del censor, como le pasó con La saga/fuga de J.B., cuya fantasía no fue entendida ni de lejos por el ínclito lector a sueldo del estado garante de la moralidad pública.
Pero hablábamos de La Isla..., elegía al amor, al erotismo y a las relaciones que de todo tipo se producen entre hombres y mujeres, o entre mujeres y hombres. Novela de fantasía poética, es un placer leerla desde su mismo principio, careciendo de la típica entrada en frío que hace que tengas que acostumbrarte durante unas páginas para cogerle el ritmo. En este relato eso no es necesario, porqué Torrente Ballester nos introduce directamente en los mundos complementarios del narrador enamorado platónicamente de Ariadna (aunque no por su gusto, lo platónico, me refiero), profesor universitario y alumna, viejo cliché; y el de las mujeres de sus relatos o visiones, tres que son una, aunque con acompañamientos, con las sutiles diferencias que sus nombres indican: Inés (ay, Inés), Agnes y Agnesse, todas ellas en las dos Islas de los Jacintos Cortados que se mencionan, una para cada plano de la realidad, o una para cada plano de la fantasía.
Porque fantástica es la novela en dos acepciones de la palabra: fantástica por la fantasía que destila toda la obra y fantástica por el relato en si mismo, que no puedo menos que calificar de obra maestra. La delicada narración de los amores del relator con Ariadna y de ésta con otro profesor, en un «menage a trois» platónico por los tres lados, en unos por imposición y en otros por oposición, sumerge al lector (a mi por lo menos lo hizo) en una complicidad con el escritor que te hace sentir con él el erotismo mediterráneo que la impregna.
Es difícil sustraerse a la fantasmagoría que envuelve incluso los momentos más prosaicos contados, hasta brujas volanderas hay, pero todo narrado con tal maestría que llega un momento en que lo más absurdo parece real y lo real, absurdo por contraposición.
En definitiva, aunque novela que exige un ritmo lento de lectura para poder disfrutar de hasta la última de las perlas que en ella se describen, es poesía en prosa, dulce, delicada, intimista hasta en las partes que rozan la pornografía. Una verdadera maravilla, una joya de la literatura en lengua castellana que puedo recomendar sin miedo a todos, especialmente al sexo que tanto embellece el mundo.
Ay, Inés, Agnes, Agnesse...
20 de junio de 2010
Celda 211, de Francisco Pérez Gandul
Autor: Francisco Pérez Gandul.
Editorial: Lengua de trapo.
Año: 2003.
ISBN: 9788496080201.
Mi primer libro carcelario (no cuento Pena de muerte, de Helen Prejean, que algún día comentaré) resulta ser una novela sanamente desasosegante, cínica, a veces divertida y en todo momento interesante y bien narrada.
Como ha sido adaptada al cine con título homónimo y considerable éxito, el argumento es bien conocido. Juan, recién aprobada la oposición a funcionario de prisiones, acude a la cárcel el día antes de su primer día de trabajo para conocerlas instalaciones y los compañeros. Mientras se recupera de un pequeño desmayo, se desata un motín de los «fíes» y es abandonado en una celda, la 211. Encontrado por los presos, se hace pasar por uno de ellos. Hasta ahí conocido.
Lo que me sorprendió gratamente del libro fue, en primer lugar, cómo está narrado. Es una colección de monólogos que van narrando la trama, con frecuencia solapándose para mostrar el mismo hecho desde la perspectiva de uno de los funcionarios, del propio Juan o del mítico Malamadre, alma del libro. Los monólogos de este último, que contienen su versión de los hechos relatados a una comisión «de las que quieren saber la verdad», son especialmente divertidos, plagados de palabrotas y frases a medio construir. Y es que Malamadre es de esas personas que sin letras se saben hacer entender.
Impagables algunos momentos, como el tema de los calzoncillos (no quiero desvelar mucha trama), el negociador frío como el hielo, las rencillas entre compañeros y la muerte central del libro (no digo de quién), que realmente me quitó el sueño (a base de que en mi cabeza resonara la voz de Malamadre diciendo «hijos de p...»).
La novela contiene dosis justas de violencia, que casi te esperas como «naturales», intriga, sexo y hasta romanticismo, pero sobre todo destila un humor cínico y descarnado que te hace pensar en lo falso de lo políticamente correcto, en los privilegios de unos y las leches que da la vida a otros. ¿Cuál es el tema principal? Pues ni las cárceles, ni los funcionarios, ni el amor... sólo la supervivencia, en este caso la de alguien aparentemente normal, en las circunstancias más extremas. Ignoro si el autor se planteó alguna vez lanzar al lector la pregunta de qué haría él en similar coyuntura, pero desde luego yo me lo he preguntado después de cada capítulo.
Si algo puedo criticar es que algunas situaciones parecen algo inverosímiles, pero no demasiado, pues la vida real nos trae con frecuencia casualidades que realmente parecen de ficción. La novela tiene sus protagonistas bien definidos, con un Malamadre espléndido y un Juan sorprendente. Me hubiera gustado que personajes como el Poeta, al que tomé cierto cariño, tuvieran más peso: ¿cómo relataría el motín un asesino condenado que escribe sonetos?
En resumen, un libro muy recomendable como lectura con fondo, bien llevada y sin más aspiraciones que mostrar una realidad que no por estar entre muros deja de ser verdadera. No he visto la película, que probablemente sea buena aunque sólo sea por la presencia de Luis Tosar. Cuando la vea comento si me causa las mismas sensaciones que el libro.
La novela contiene dosis justas de violencia, que casi te esperas como «naturales», intriga, sexo y hasta romanticismo, pero sobre todo destila un humor cínico y descarnado que te hace pensar en lo falso de lo políticamente correcto, en los privilegios de unos y las leches que da la vida a otros. ¿Cuál es el tema principal? Pues ni las cárceles, ni los funcionarios, ni el amor... sólo la supervivencia, en este caso la de alguien aparentemente normal, en las circunstancias más extremas. Ignoro si el autor se planteó alguna vez lanzar al lector la pregunta de qué haría él en similar coyuntura, pero desde luego yo me lo he preguntado después de cada capítulo.
Si algo puedo criticar es que algunas situaciones parecen algo inverosímiles, pero no demasiado, pues la vida real nos trae con frecuencia casualidades que realmente parecen de ficción. La novela tiene sus protagonistas bien definidos, con un Malamadre espléndido y un Juan sorprendente. Me hubiera gustado que personajes como el Poeta, al que tomé cierto cariño, tuvieran más peso: ¿cómo relataría el motín un asesino condenado que escribe sonetos?
En resumen, un libro muy recomendable como lectura con fondo, bien llevada y sin más aspiraciones que mostrar una realidad que no por estar entre muros deja de ser verdadera. No he visto la película, que probablemente sea buena aunque sólo sea por la presencia de Luis Tosar. Cuando la vea comento si me causa las mismas sensaciones que el libro.
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