
Autor: Eduardo Riaza.
Editorial: Encuentro.
Páginas: 136.
ISBN: 9788499200286
En un relato de Arthur C. Clarke que siempre me ha encantado, un astrofísico jesuita, miembro de una misión de exploración espacial multidisciplinar, lamenta en su monólogo de que sus colegas no reconocen los méritos de su orden en el avance de la ciencia: "siempre, desde el siglo XVIII, hemos estado haciendo contribuciones a la astronomía y a la geofísica, desproporcionadas con nuestro número".
Soy de los que piensan que para ser ateo hay que saber mucha pero que mucha teología... y no poco de historia de la Iglesia. Así, me repugnan los pazguatos que rechazan como un todo a un grupo humano, el de los creyentes católicos, como una caterva de ignorantes inquisidores quemadores de Galileos y enemigos del progreso porque, a pesar de lo mucho que tiene la Iglesia por lo que pedir perdón, no se le puede discutir, objetivamente, su contribución al desarrollo de la humanidad. Y eso sin entrar en razonamientos de fe y costumbres.
Si a alguien entendido y leído le preguntas por las contribuciones de clérigos o religiosos católicos a la ciencia como máximo saldrá a relucir Mendel, por la bucólica imagen de monjecillo cría guisantes que nos queda del Bachillerato o, para los más perspicaces, Copérnico, el canónigo. Pues no: hay muchísimos más (y lo que es mejor, los sigue habiendo). Los suficientes para que haya que repensar el prejuicio de cristiano = acientífico, en plan Ágora.
En el libro que nos ocupa el protagonista, además de falso narrador como licencia artística, es uno de los científicos católicos más importantes, influyentes y desconocidos del siglo XX: Georges Lemaître, belga de nacimiento, físico de formación, sacerdote católico de vocación. Uno de los enfants terribles de la física de la primera mitad del siglo pasado, formado en las dos Cambridges, participante en los Congresos Solvay y capaz de arrancar del parco Einstein tanto elogios como críticas.
En La historia del comienzo, el profesor de física E. Riaza nos presenta una "falsa" autobiografía de Lemâitre, al estilo de pastiche holmesiano en el que siempre se encuentra una caja sellada con un nuevo relato de Watson. El estilo es didáctico, muy sencillo, cronológico y con total ausencia de ecuaciones o disertaciones complicadas. Va recorriendo los hechos más importantes de la vida del científico, salpicando de anécdotas el relato, consiguiendo una lectura rápida y agradable. Tan sencillita que parece que la ha escrito para sus alumnos.
El mérito es grande. No hay absolutamente nada escrito sobre Lemâitre en español (y apenas nada en inglés). Además, el autor consigue evitar entrar en la supuesta confrontación fe-ciencia que la vida del personaje podría haberle dado pie a participar. Más bien se centra en lo cronológico de su vida, sin entrar en su periplo vital, sin apenas asomarse a sus causas, a las dificultades de su vida entre sotanas y batas blancas... He echado de menos mayor profundidad, quizás alguna página más compleja sobre las teorías de Lemâitre, como en las biografías de científicos de Nivola...
![]() |
Einstein y Lemâitre |
También me hubiera gustado que precisase más sus contribuciones a la teoría del Big Bang, que él nunca llamó así, a sus artículos y colaboraciones, a sus ideas pioneras sobre informática o a su trabajo como presidente de la Pontificia Academia para las Ciencias bajo el mandato de papas como Pío XII. De igual forma podría haber evitado el recurso literario de la autobiografía, que personalmente no valoro positivamente en general. Entiendo que el autor, que cada día tendrá que lidiar con alumnos de la ESO, ha querido acercarse a su nivel. Loable esfuerzo, que se agradece.
Concluyendo: una agradable introducción a la vida de un científico casi desconocido, didáctica, sencilla, para todos los públicos... Excepto si quieres profundizar en la vida del gran Lemâitre. Para ello, habrá que esperar a una biografía completa y crítica, que difícilmente veremos en castellano.
Como colofón, inserto un vídeo sobre Lemâitre y el libro interesante, por el mismo autor del libro:
Por cierto, si alguien no ha leído el relato de Clarke que abre esta reseña, son las fechas adecuadas para hacerlo.